Cuando Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin, murió el 21 de enero de 1924, los gobernantes soviéticos contrataron a un conocido neurocientífoco alemán, Oskar Vogt, para estudiar su cerebro y localizar las células cerebrales responsables de su genio. Con este propósito se creó el Instituto del Cerebro en Moscú. Vogt publicó un artículo sobre el cerebro de Lenin en 1929 donde exponía que algunas neuronas piramidales en la tercera capa de la corteza cerebral del mandatario soviético eran muy largas. En la actualidad existen técnicas mucho más sofisticadas para estudiar el cerebro, mediante scaners, resonancias magnéticas y multitud de adelantos técnicos que evitan la disección del órgano. No sería, por tanto, necesario abrir el craneo de Javi González para estudiar su cerebro. Las conexiones neuronales, las pequeñas descargas eléctricas que activan su capacidad de decir chorradas. Hace una semana pidió a los televidentes de una casposa cadena local que no compraran El Correo. Horas después de la declaración, el presidente del Athletic, Fernando Lamikiz, tuvo que presentarse en persona en la sede de la calle Pintor Losada para disculparse. En ese momento, con la que está cayendo, Lamikiz le hubiera abierto el cerebro a Javi González que, por orden del club, también tendrá que pedir perdón. Pero en el Correo se la guardan. Tiempo al tiempo.
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